El Valle de Amanecer se ha visto afectado por el paro convocado por la CONAIE, cumpliendo 18 días de manifestaciones el turismo y comercio ha decaído y los productos escasean en supermercados.

Amaya Sevilla
Tras 18 días de paro nacional, el cantón Otavalo, provincia de Imbabura, enfrenta un escenario desolador marcado por el inmovilismo de sus autoridades y una peligrosa fractura social. Así lo describió el analista político Álvaro Varela Molina, quien este jueves criticó la gestión de la crisis, apuntando a un «silencio cómplice» por parte de la alcaldesa Anabel Hermosa y una falla generalizada del Estado para atender las causas del conflicto.
Según Varela, la situación en Otavalo se desenvuelve en dos aspectos críticos. El primero, una «desidia espantosa, pavorosa» por parte de las autoridades electas. “La ciudadanía termina depositando su confianza para que les resuelvan los problemas y este momento, las autoridades del gobierno central, de los distintos ministerios, y las locales (juntas parroquiales, alcaldía, prefectura) no han podido gestionar ni siquiera situaciones elementales como la provisión de productos de primera necesidad”, sentenció.
El segundo aspecto, señaló, es la legitimidad de la movilización social, arraigada en reclamos históricos del movimiento indígena que el gobierno central “todavía no ha procesado y no ha entendido”.
El Silencio de la alcaldesa

Uno de los puntos más críticos del análisis de Varela fue el rol de la alcaldesa de Otavalo, Anabel Hermosa, cuyo silencio calificó de irresponsable.
Según Varela, esta actitud responde a dos factores. El primero, su «evidente ineptitud para poder gestionar crisis como estas», argumentando que es una figura ajena a la realidad local. “Ella no conoce la ciudad, no conoce el cantón. Vivió veintipico de años fuera”, afirmó.
El segundo factor, según Varela, es un “cálculo político” para proteger su imagen. “A ella no le eligieron para que guarde silencio en una movilización. A ella le eligieron para que en problemas como este pueda responder con eficiencia, con serenidad, con talento”, enfatizó, calificando su estrategia como una «absoluta irresponsabilidad».
La división de la población

Más allá de las pérdidas económicas, que según Varela cifras conservadoras estiman entre 2 y 6 millones de dólares diarios para la provincia, el analista considera que el daño más profundo es la división social.
“Lo doloroso es que no hayamos superado estas taras históricas del racismo, la xenofobia, la división entre hermanos, entre conciudadanos”, lamentó. “Esa fractura que ahora nos deja esta movilización debe recuperarse con educación cívica. No podemos vivir como sociedad divididos”.
Para Varela, la reconstrucción de Otavalo y de la provincia tras el paro del 2019 y 2022 aún no se ha logrado, y las secuelas de esta nueva movilización serán aún más profundas. Considera que la ciudadanía deberá reflexionar si eligió a las personas correctas para enfrentar las crisis.
El analista ubicó la responsabilidad de destrabar el conflicto en el Gobierno Nacional. “Lo primero que debería hacer el gobierno central es asumir su posición de disminuir las tensiones. Este lenguaje confrontativo debe empezar a ser motivo de reflexión”, concluyó, destacando la paradoja de que la ciudadanía tenga que movilizarse para exigir algo tan básico como el diálogo.
Otavalo, una ciudad turística y comercial pierde miles diariamente en una paralización que parece no tener fin ni tampoco respuestas por parte del gobierno. La ciudad se caracteriza por su emblemática Plaza de Ponchos, donde los artesanos muestran sus creaciones en las ferias de los miércoles, sábados y domingos; ahora, el lugar se muestra vacío dejando una sensación de pérdida cultural y económica, sumando los estragos de las pérdidas materiales de espacios públicos y un conflicto con los que los otavaleños lidian diariamente.
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