El analista económico Oswaldo Landázuri advirtió que el crecimiento en Ecuador durante 2025 está sostenido por el consumo derivado de bonos estatales, no por una mejora estructural.

El año en Ecuador termina con un crecimiento económico impulsado por el consumo y las exportaciones.
Oswaldo Landázuri, analista económico, señaló en Vis a Vis con Janet Hinostroza que, desgraciadamente, el consumo está siendo alimentado por los bonos que el Gobierno ha entregado durante este año.
Esto no significa que se esté construyendo una clase media robusta ni que la población esté cambiando su estilo de vida, sino que simplemente está sobreviviendo.
Landázuri explicó que lo que más crece en ventas son productos de la canasta básica que no gravan IVA.
Los bonos deben ser una medida temporal, salvo en el caso de que la ayuda social se administre como parte de un pilar solidario dentro del sistema previsional.
“El resultado de esta política de estar en elecciones permanentemente y tratar de comprar votos ha sido que se terminó el año gastando el doble en bonos que en inversión”, afirmó.
El especialista detalló que se han desembolsado 260 millones de dólares en bonos y apenas 120 millones en ejecución presupuestaria para inversión, lo que evidencia el desentendimiento de la clase política respecto a las medidas de largo plazo.
También destacó algunas decisiones estructurales acertadas, como el retiro del subsidio al diésel, el sistema de bandas para la gasolina y el incremento de tres puntos en el IVA, este último con un alto costo político para Noboa.
A futuro, agregó, el país no cuenta con un plan económico claro que establezca metas de empleo, inversión o tasas de interés. Es decir, el Ministerio de Economía no es robusto y no está logrando sus objetivos.
Ese ministerio no ha emitido declaraciones sobre el cumplimiento de la proforma presupuestaria aprobada para este año. “También quieren ganar votos, porque algunos bonos coinciden con las elecciones. Eso está muy mal”, concluyó.
Los bonos relacionados con el subsidio al diésel son comprensibles, ya que sustituyen un gasto permanente por uno temporal que ayuda a que la economía entre en un proceso de transformación.
Ecuador termina el año con un déficit de 5.300 millones de dólares, reflejo de una economía ahogada por el gasto público.
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