
Álvaro Varela
Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.
Antes de dejar una reflexión sobre los temas públicos de la provincia y el país, debo confesar que la gentileza de quien dirige este medio de comunicación se ha mantenido a lo largo de más de 8 años. Así lo he percibido en cada invitación a compartir entrevistas en distintos espacios y en diferentes momentos políticos.
Hoy, el responsable editorial de @La Naranja, me ha invitado a que escribiera algunas reflexiones; que a partir de la rigurosidad de los conceptos podamos analizar algunas interrogantes y proponer respuestas al estado actual de la política.
He aceptado hacerlo porque siempre; escribir es un ejercicio, que exige rigurosidad y responsabilidad académica. Dos condiciones básicas que deben anteceder cualquier acción política seria, comprometida y decidida a combatir la informalidad y la improvisación de aquellos que buscan engullirnos en la charlatanería de sus chabacanos comentarios.
Para inaugurar este espacio quiero proponerles una reflexión alrededor del título que he planteado en esta publicación. Con eso en mente, es preciso detenernos en un par de detalles que pese a ser obvios merecen atención.
La captura del dictador Nicolás Maduro, acusado de narcopolítico, financista de grupos delictivos y de personajes afines al socialismo del siglo XXI; deja claro dos verdades. La primera, la caída de una dictadura no es instauración inmediata de un régimen democrático y la segunda, revela un escenario de incertidumbre indefinida, sobre el futuro de los venezolanos.
Comprender esto; es el primer paso para ser conscientes que en este momento nadie sabe cuál será el futuro de Venezuela, porque ni el gobierno interino, ni la oposición y tampoco Estados Unidos, han clarificado la existencia de un plan pos encarcelamiento del dictador.
La situación socio-económica, con una inflación que diezmó la capacidad de compra de cada venezolano. Con una sociedad dividida, decepcionada, insegura y sumida en la miseria por la delincuencia y la corrupción. Con instituciones públicas tomadas por grupos mafiosos afines al Chavismo-Madurismo. Con una clase política que por más de 26 años priorizó la confrontación, el resentimiento y la desconfianza; la reorganización del Estado y la reconstrucción de las nuevas bases de la República, son tareas que podráin empezar con revisar la experiencia alemana al término de la Segunda Guerra mundial, en mayo de 1945.
De existir el plan para reconstruir un país destruido por las acciones de una dictadura que encarceló a más de 17 mil adversarios políticos, ejecutó a mas de 10 mil, desapareció a más de 3 mil; al interior de Venezuela; debería implicar un gran acuerdo de diálogo y consenso para empezar una seria etapa de cohesión social con el propósito de depurar el Estado.
En lo externo, y por efectos de la depuración países como Ecuador tendríamos la certeza de que finalmente la justicia ubicaría en su lugar a personajes como: María de los Ángeles Duarte, Vinicio y Fernando Alvarado, Patricio Rivera y otros que se exiliaron o autoexiliaron en suelo venezolano y en otros países afines al socialismo del siglo XXI; pasen de beneficiarios adulones del Chavismo-Madurismo, a rendir cuentas sobre sus actos ilícitos y delincuenciales.
Pero, justamente esos dos escenarios aún son inciertos. Porque nadie ha dicho nada sobre aquello. Y si confiamos en que eso llegue a pasar, seguramente la cooperación del gobierno ecuatoriano no llegará porque sus funcionarios, no enviarían los documentos en los plazos requeridos.
Hasta el momento, lo único cierto es que quienes destruyeron la democracia—hoy, por efectos del encarcelamiento a Maduro, se convirtieron en administradores de un hipotético escenario de transición hacia la democracia que nunca la quisieron construir. En esas condiciones ¿Puede América Latina, confiar en la heredera de la dictadura, Delsy Rodríguez, en los operadores de la narcopolítica, Vladimir Padrino, Diosdado Cabello…como encargados de facilitar una transición hacia un régimen democrático? La respuesta es lógica. NO. Ellos no entiende el significado de democracia. Lo “mejor” que ellos harán es negociar su impunidad.
Así los herederos del encarcelamiento a Nicolas Maduro—los que ahora controlan el poder—y las figuras políticas de oposición como María Corina Machado, Edmundo González…siguen bajo tutela extranjera sin que se sepa hacia dónde mismo dirigen al país, mientras todo se define en términos petroleros, es decir, en millones de dólares.
La esperada transición, debe llegar de la mano de quiénes mejor controlen, manejen y gestionen los recursos del poder político. Pero, en medio de la polarización que vive Venezuela; eso aún está por verse.
La heredera de la dictadura y sus acólitos, que este momento gobiernan Venezuela cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, las instituciones con las que el Chavismo-Madurismo operó por más de un cuarto de siglo y son ellos los que controlan todos los recursos petroleros. El poder sigue aun en manos de quienes legitimaron una de las peores dictaduras de estel siglo, en América Latina.
En esas circunstancias, el papel del presidente electo Edmundo Gonzales Urrutia, María Corina Machado, los líderes políticos encarcelados y en el exilio; debe jugar un rol en el que el principal factor para sentar las bases hacia la transición democrática, este determinado por comprender las diferencias entre; lo que es posible y lo que es deseable.
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