sábado , 15 agosto 2026

MIGRACIÓN: EL SILENCIO CÓMODO DE UN GOBIERNO INDIFERENTE

Álvaro Varela

Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.

Los hechos de violencia en contra de la comunidad migrante en Estados Unidos, debe provocar un repudio latinoamericano.

Hoy les invito a reflexionar sobre dos hechos que si los dejamos pasar como inadvertidos implicará nuestro cómodo silencio, frente a la peligrosa situación que viven los migrantes en Estados Unidos.

El primero, tiene que ver con la deshumanización de la Humanidad a través del miedo y el segundo, la normalización de la violencia cada día, más radical y despiadada.

Este momento, cualquier estadounidense o cualquier migrante en cualquier condición o estatus jurídico, puede ser objeto y víctima de la persecución, apresamiento e intimidación desplegados por los grupos armados denominados ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) creados por el presidente Donald Trump.

La violencia desplegada por este grupo mantiene a migrantes, sus hijos y familias enteras encerradas, muchos de ellos pese a estar enfermos se niegan a salir de sus casas, no van a sus trabajos y ni siquiera al supermercado porque todos sin distinción temen; ser tratados como “enemigos internos” o “terroristas domésticos”.

Está realidad debe motivar una reflexión que transcienda las voces de sacerdotes, y miles de Estadounidenses que bajo la clásica consigna “el pueblo unido jamás será vencido” intentan en su propio país; frenar los abusos de Trump en iglesias, escuelas, locales comerciales y demás espacios de concentración pública. Esas voces, decidieron imponerse frente al miedo para decirle al mundo que no se puede permitir, la existencia de un Estado cuya principal función sea, perseguir para imponer miedo.

Al día de hoy; todas las manifestaciones en contra de las acciones del gobierno de Trum, se convierten en una alerta y llamado de atención para recordarnos que los Estados cada día dejan de cuidar y precautelar la vida, para convertirse en destructores de elementales derechos de convivencia humana. Esto, es previsivamente peligroso y quiénes debemos sumarnos a las voces de repudio de estos actos; somos todos los latinoamericanos porque no sabemos cuándo y en qué momento  cualquier amigo, familiar, conocido o vecino puede ser víctima este tipo de humillaciones.

Adicional a ello, lo preocupante de toda esta realidad es que gobiernos como el nuestro, callen y guarden un cómodo silencio como si toda la violencia en contra de nuestros migrantes, fuera normal y que no debería afectarnos. El gobierno debe entender que su silencio e inacción pasa a ser percibido como una respuesta indiferente, que legitima nuevas modalidades de violencia porque nuestros migrantes pasan a ser considerados como amenazas.

Este es el momento de levantar la voz, porque si no somos conscientes de que mientras a “los otros” los ultrajan, humillan, rechazan, discriminan y segregan con seguridad, la imposición del miedo impedirá saber quiénes serán los nuevos perseguidos.

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