sábado , 15 agosto 2026

Intuición cívica para salvar la democracia

Álvaro Varela

Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.

Ciertamente vivimos tiempos políticos difíciles en los que la democracia sigue sometida a los gustos y vaivenes de quienes llegan al poder para someterla a una permanente prueba de resistencia. La fragilidad de sus instituciones frente a los intereses particulares, más el ajuste de las normas jurídicas a las conveniencias individuales, de los políticos de turno, la deterioran y ponen en riesgo la vigencia de lo poco que queda: elecciones periódicas libres, ejercicio de libertades y libertad de expresión. 

Es en este escenario, donde la capacidad ciudadana para detectar las infracciones cometidas en contra de su permanencia; la que debe obligarnos a asumir una posición cívico-comprensiva que permita identificar a quiénes, con sus acciones en el ejercicio de sus funciones públicas, amenazan con liquidarla.

Con eso claro, entenderíamos que el problema es más serio de lo que imaginamos, porque, un grupo de actores políticos siguen siendo incapaces de comprender que los desacuerdos deben resolverse con diálogo y los otros hace rato, optaron por el silencio con el que calculan ubicarse cómodamente frente al poder. Así nuestra democracia está en terapia intensiva y cada día está más avasallada por estilos autoritarios que destruyen cualquier posibilidad de consenso.

Esa es la situación en la que nos encontramos y todos somos testigos de que existen políticos que no tienen nada que decir, pero, si saben qué tareas y órdenes cumplir.  Los ecuatorianos nos hemos convertido en una sociedad a la deriva, donde la incertidumbre, el populismo autoritario y el caciquismo hacendatario administran y aplican el chantaje a todos los que no se alinean a los intereses del grupo que gobierna.

Pero, esta realidad debe y puede  cambiar. Las elecciones de noviembre deben ser el llamado para que nosotros los ciudadanos decidamos cuestionar a través del voto a quienes pretenden seguir reproduciendo acciones que ponen en riesgo lo poco que queda nuestra erosionada democracia.

Ese voto debe convertirse en la oportunidad para que junto a una gran dosis de intuición podamos mirar a nuestro alrededor y cerciorarnos sobre las acciones que destruyen nuestra convivencia, las motivaciones de quienes nos quieren divididos y los propósitos de los oportunistas e improvisados que no se responsabilizan de lo que les corresponde. Es ahí donde la intuición ciudadana se vuelve necesaria.

Así, estamos obligados a aplicar la intuición con mayor conciencia para exigir más y mejores resultados de los que buscan gobernarnos. Esa intuición debe frenar la improvisación y la ambición de aquellos que buscan el poder para satisfacer sus ambiciones particulares.

Hoy es justo reclamar esto que considero es la única defensa con la que contamos para salvar lo poco que nos queda a los ciudadanos.

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