sábado , 15 agosto 2026

Elecciones locales: una oportunidad para destrabar la polarización

Álvaro Varela

Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.

En el 2007, el Ecuador inauguró una etapa política marcada por la confrontación, el resentimiento, la división, la corrupción y el clasismo. Una narrativa que durante 15 años nos separó entre buenos y malos, lo que derivó en la concentración de más de la mitad del electorado alrededor de dos lógicas: la del correísmo y la opción más viable, cualquiera que fuera percibida como anticorreísta.

Esa polarización se convirtió en la motivación para la disputa y la conquista de votos que han definido el manejo del poder en la Asamblea y en Carondelet.

Así, las dos fuerzas políticas preponderantes han convertido a los ciudadanos en presas y víctimas de análisis políticos, discursos y posiciones de líderes de opinión pública; que a través de sus tribunas sostienen que los unos deben agruparse en contra de los otros y viceversa.

Hoy explico algunas razones por las que mientras la “polarización nacional” se afianza, en lo local, la política se mueve con lógicas distintas.

  1. El vacío político que genera la ausencia de una oposición orgánica afianzada en una organización política de líderes con propuestas viables sobre problemas nacionales facilita a las autoridades locales ejercer mejor su influencia y cercanía con los ciudadanos.
  2. La ausencia de figuras políticas con liderazgo, programa, proyecto país y baja capacidad electoral, no logra superar el discurso de lo anti. Mientras algunas autoridades o perfiles políticos locales buscan llenar ese espacio.
  3. Cada día la disputa por el poder en el ámbito nacional radicaliza los intereses entre dos grupos políticos. Hecho que les aleja de los problemas concretos de los ciudadanos.
  4. En lo local y pese a que la informalidad y el simplismo devalúa la imagen y la credibilidad de los políticos, estos aún pueden construir, mantener o tejer redes clientelares con vínculos afectivos.
  5. La creciente percepción ciudadana de que los dos grupos políticos ni siquiera guardan las formas por alcanzar sus objetivos particulares, alimenta el desencanto ciudadano en contra de las autoridades de carácter nacional. 
  6. Pese a que el manejo de la comunicación política a través de herramientas tecnológicas haya cambiado las ideas por las emociones y la personalización este por sobre los proyectos o programas; el alcalde, prefecto o vocal de la junta parroquial implícitamente está obligado a responder a A o B problema así no sea su responsabilidad directa.

Si a lo puntualizado le sumamos el hecho de que en el ámbito político nacional las adhesiones y los rechazos no reparan en la necesidad de mejorar la calidad en la administración de la cosa pública, en lo local los ciudadanos tiene otras expectativas de sus políticos y las simpatías y antipatías, los afectos y desafectos, son proporcionales a las acciones de estos, en el escenario público.

Así el liderazgo político local se mueve bajo lógicas que castigan o premian el buen desempeño en el cargo, la eficiencia en la solución de los problemas, los niveles de transparencia y la capacidad para ejercer el cargo con liderazgo.

La presencia física cercana con la gente y atender los problemas de manera personalizada son una oportunidad que tienen los gobiernos locales para transformarlos en indicadores que pesan a la hora de que los ciudadanos impidan la extensión de la polarización al ámbito local.

Eso deja claro que las elecciones seccionales de noviembre se definirán, en las comunidades, barrios y calles de los cantones, lo que se convierte en una oportunidad para que los dos grupos políticos interesados en mantener la polarización comprendan que conseguir su propósito no es fácil como lo suponen. Todo esto sin descuidar que conforme pasan los años el agotamiento del discurso sobre lo anti, deja en evidencia que gobernarno solo es ganar elecciones.  

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