Juan Manuel Fuertes cuestiona la construcción del nuevo mercado en Ibarra, señalando que los hábitos de consumo han cambiado radicalmente. Advierte que sin participación ciudadana ni oposición política seria, el proyecto podría convertirse en una inversión innecesaria.

Para Juan Manuel Fuertes, exsubsecretario de Gobernabilidad, es necesario abrir un debate sobre la pertinencia de construir un nuevo mercado en Ibarra.
¿La razón? El cambio en los hábitos de consumo de los ciudadanos ha provocado que la gente ya no acuda al mercado como antes.
Esto responde a las transformaciones que, a una velocidad impresionante, está experimentando la humanidad.
En la capital imbabureña, es indispensable considerar un análisis etario de las personas que frecuentan el mercado.
Según datos del INEC, en Ibarra la edad promedio es de 29 años, lo que indica una población predominantemente joven. (VER CUADRO)
Esto implica que, en los próximos 15 años, los ciudadanos adoptarán nuevas formas de adquirir sus alimentos, por lo que el nuevo mercado podría convertirse en un “elefante blanco”.
El exdirectivo de la desaparecida Democracia Popular considera que ni siquiera es necesario discutir el proyecto del Sistema de Mercados Centrales que propone el alcalde Álvaro Castillo.
“Los hábitos de consumo han generado un cambio radical en Ibarra y otras ciudades del país en los últimos dos años, con cadenas de micromercados que están desplazando a las tiendas de barrio”, acotó.
Sin embargo, en la decisión de construir el nuevo Mercado Amazonas predomina el silencio, y se corre el riesgo de involucrar a la ciudad en una inversión costosa e innecesaria.
La ciudadanía, la academia y los medios de comunicación deben ejercer una labor de contrapeso frente a la visión de los actores políticos, éstos últimos deberían ser visionarios.
Autoridad sin capacidades

En el sector público, quienes llegan a administrar las instituciones lo hacen únicamente por haber obtenido más votos, por lo que actualmente no es la capacidad lo que determina que una persona ocupe el cargo de alcalde.
La participación ciudadana implica involucrarse en todo lo relacionado con lo público, pero en Ecuador esto resulta casi imposible, especialmente por la situación económica de la población.
“Estamos sujetos a la mentalidad y temperamento de quien dirige una ciudad, una junta parroquial o una provincia, y los resultados están a la vista”.
Las urbes como Ibarra cuentan con un Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial que, en teoría, debería ser el instrumento riguroso que guíe la gestión de las autoridades, pero en la práctica se ha convertido en un simple formalismo.
Fuertes se refirió a que, aunque se convoca a los presidentes de barrio para que la asamblea apruebe el plan, el documento refleja únicamente lo que determina la autoridad.
El político habló de fracasos recurrentes, despilfarros, corrupción e ineficacia, sin que se haya logrado incidir para generar un cambio.
Desde la academia, existen universidades con presencia nacional, pero que no cumplen adecuadamente su función.
Nula oposición política
En las ciudades grandes, que históricamente han tenido distintos niveles de desarrollo, la cultura que prevalece en cada una determina el grado de preocupación por los asuntos públicos.
En estos centros urbanos, con mayor número de electores, existe una disputa política permanente, no solo en época electoral.
En las provincias, en cambio, se observa una dinámica distinta: la disputa política es más pasiva, con largos periodos de silencio hasta que se reactiva la siguiente campaña.
Por eso, el espacio de rendición de cuentas de los mandatarios, que caracteriza a la democracia contemporánea, cobra especial relevancia.
En ese contexto, el rol de los medios de comunicación es fundamental, ya que muchas autoridades rinden cuentas a través de ellos.
“Hay un grave problema: en las ciudades pequeñas, por razones económicas, la pauta publicitaria determina la posición editorial del medio”.
El analista político considera que, ante hechos de corrupción o muestras de ineptitud, los medios de comunicación optan por justificar o guardar silencio.
También comentó que la función de fiscalización corresponde a la oposición, para lograr que las cosas se corrijan. Sin embargo, en ciudades como Ibarra no existe una oposición política seria, responsable y permanente.
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