Los miembros del Tribunal de Garantías Penales del Azuay consideraron que este homicidio tuvo agravantes, por lo que dictaron la pena máxima.

La víctima Luis L., de 36 años, murió al recibir once disparos con un arma de fuego.
Ese crimen se perpetró el 15 de octubre de 2024 y por lo que Boris Ch., recibió la pena máxima de 40 años de prisión.
Esa fue la sentencia oral que dictó al final de la audiencia del juicio el Tribunal de Garantías Penales del Azuay.
Si bien la pena por este delito se sanciona de 26 a 30 años, los juzgadores consideraron circunstancias agravantes por lo que impusieron la pena máxima.
El hecho que causó conmoción se registró en la ciudadela Kennedy, en Cuenca, alrededor de las 12:30 de ese día.
A esa hora, Luis L. conjuntamente con su esposa llegaron, a bordo de una motocicleta, para dejar a su hijo en una unidad educativa del sector.
El fiscal que investigó el caso dijo que mientras la madre acompañaba al pequeño a la puerta de ingreso, el padre fue asesinado.
El victimario fue detenido el mismo día
Un auto que durante el trayecto de la casa a la escuela había seguido a la familia detuvo su marcha en medio de la vía.
En la audiencia se indicó que desde ese carro bajó Boris Ch., quien portaba un arma y disparó contra Luis, lo que ocasionó su muerte en el lugar.
Una mujer también resultó herida en el ataque con un disparo en su rostro.
Una vez en el sitio, los fiscales dispusieron el levantamiento del cadáver y recolectaron una decena de casquillos usados, que resultaron de las detonaciones del arma.
El supuesto victimario subió al asiento del copiloto en el mismo auto y huyó del lugar del crimen.
Pero, ese mismo día, alrededor de las 17:00, el sujeto fue detenido por policías en una vivienda de Cuenca.
Con el avance de la investigación se pudo recabar testimonios de la esposa, familiares de la víctima y agentes de la Dinased.
También se receptó el informe de reconocimiento del sitio del crimen, análisis de audio y video y una pericia de barrido electrónico. Este último detectó residuos de disparos en las manos del sentenciado.
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