
Álvaro Varela
Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.
Por todas las evidencias periodísticas, la disputa judicial del detenido alcalde de Guayaquil Aquiles Álvarez, nos permite constatar que sus reacciones alrededor de sus procesos judiciales, siempre delataron visceralidad, explosividad compulsiva y procacidad verbal propias de su abultada vanidad egocéntrica.
Aquí, algunas reflexiones sobre los hechos.
Apartir de la mediatización del caso triple AAA, que investiga el supuesto tráfico y venta ilegal de combustibles, Álvarez y su círculo más cercano cometieron 2 errores que por sus efectos dejaron de ser imperceptibles y pasaron a ser parte sustancial de su camino hacia la cárcel de Latacunga.
Primero, él siempre creyó que la investigación levantada en su contra es personal y que responde a una persecución política a su imagen. Cosa que sigue siendo refutable porque aún ni él y menos su abogado, han podido explicar jurídicamente lo contrario.
Y segundo, su abogado, no logró comprender el carácter explosivo de su cliente para que él pueda gestionar con talento y estrategia jurídica la situación legal del caso.
Paralelo a ello, Alvarez y su equipo nunca entendieron las diferencias entre liderazgo y vanidad. Y se dejaron conducir al terreno de la confrontación “chúcara” de un alcalde que sobredimensionó su capacidad política y las condiciones profesionales de su defensa.
Con eso, es probable que recién este momento, Álvarez y su grupo de amigos y familiares-incluido su abogado- sean conscientes que su “arrechera” no fue suficiente para suponerse presidenciable sin ni siquiera haber trascendido en la alcaldía de Guayaquil.
Con ese antecedente, el abogado y su defendido, terminaron arrollados por los hechos de un escenario predecible del que nunca quisieron ser conscientes. Los 2 se autoconvencieron de que el caso, legal y políticamente era invensible.
Esa es la primera parte de una serie de declaraciones públicas turbias y confusas que mediatizaron un caso sin la estrategia técnico-jurídico para una defensa coherente.
El segundo momento de la suerte de Alvarez, tiene que ver con la consumación de los actos liderada por su grupo más cercano.
Ellos, nunca fueron conscientes de que su chúcaro cayó en la trampa de la confrontación, de las respuestas mediáticas intolerantes, de las declaraciones públicas virulentas y convirtieron a las mismas, en show de amenzas, exabruptos y setencias.
En este escenario la alcaldía de Guayaquil, enfrenta uno de los momentos políticos más críticos de los últimos 30 años, mientras la orfanda política del alcalde antes, durante y después de su detención ventila el devaluado comportamiento ético de sus coidearios.
En medio de todo esto, lo único claro es que a partir de aquello, el grupo cercano a Alvarez; abandona a su jefe y su abogado promete libertad para su defendido, sin percatarse que el futuro de Alvarez es predecible.
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