sábado , 15 agosto 2026

Katherine Herrera: la lucha contra el crimen no no debe ser solo táctica, sino estratégica

La especialista en seguridad Katherine Herrera sostiene que Ecuador enfrenta una dinámica criminal híbrida que combina crimen organizado y desorganizado. Señala que, además de acciones tácticas, se requiere una estrategia integral que incluya prevención, inteligencia, cooperación internacional y la participación activa de la sociedad civil.

Katherine Herrera, especialista en seguridad, considera que la lucha de Ecuador contra los grupos de delincuencia organizada no debe basarse únicamente en una guerra táctica.

La politóloga, internacionalista y magíster en investigación en seguridad y defensa nacional señaló que también debe establecerse una guerra estratégica que, a través de políticas públicas, se involucren temas de prevención, investigación, inteligencia, atención y protección a víctimas, así como gobernanza en seguridad.

La experta no descarta que exista una buena iniciativa del Gobierno ecuatoriano, ya que está apuntando a un trabajo articulado. Sin embargo, señala que también se debe fortalecer la cooperación tanto con los países consumidores como con aquellos donde operan los carteles o actores que manejan el crimen organizado transnacional o que son generadores de droga, como la cocaína, además del tráfico de armas.

Herrera sostiene que Ecuador enfrenta una operación criminal híbrida, en la que no solo existen casos de crimen organizado, sino también lo que se denomina crimen desorganizado.

En provincias como Imbabura y Carchi, agrega la académica y consultora, el crimen organizado no siempre genera violencia visible, es decir, que se refleje en homicidios intencionales, disputas territoriales o conflictos por el control de zonas destinadas a economías ilícitas.

En estos territorios es más notorio el crimen desorganizado, que actúa por oportunidad y puede estar conformado por pandillas o actores delictivos que cometen secuestros, extorsiones (“vacunas”), microtráfico y reclutamiento de niños y adolescentes, hechos que también derivan en muertes intencionales.

Cuando el país presenta esta dinámica criminal híbrida, la sociedad civil cumple un rol importante. En el caso del crimen organizado, las entidades del Estado -fuerza pública, inteligencia y sistema de justicia- deben actuar de manera coordinada.

En el caso del crimen desorganizado, este puede enfrentarse con estrategias de prevención del delito en las que también pueden participar los ciudadanos.

“Es ahí donde el papel de la sociedad civil, las comunidades y los barrios tiene un rol relevante, porque si se empoderan sobre los temas de crimen organizado y desorganizado, también pueden exigir a las autoridades acciones de acuerdo con sus competencias”, señaló.

Herrera considera que, con este enfoque, se puede evitar que los grupos criminales tomen el control de un territorio, ya que la acción barrial permitiría prevenir este tipo de actividades ilícitas.

Además, el crimen desorganizado también puede ser combatido con un sistema de justicia fuerte y eficiente que reduzca la impunidad y garantice una adecuada gobernanza en seguridad.

El empoderamiento de barrios y comunidades no solo genera confianza, sino también cooperación, lo que permite fortalecer la vigilancia social para prevenir la delincuencia.

Uno de los problemas, señala, es que muchos ciudadanos optan por manejar su propia seguridad privada, en lugar de asumir una corresponsabilidad en la seguridad colectiva.

En el caso de las autoridades locales, estas pueden trabajar en dos ejes: la prevención de la violencia social y la prevención del delito. En el primero se deben implementar programas, proyectos y estrategias para evitar que la población más vulnerable sea víctima de delitos.

Sobre el Plan de Seguridad de Ibarra, indicó que no está aterrizado en las necesidades y realidades que enfrenta la ciudad. Al ser la capital de la provincia de Imbabura, no solo enfrenta delitos de seguridad ciudadana, sino también nuevas amenazas vinculadas al crimen organizado.

“Si bien Ibarra e Imbabura no tienen altos índices de homicidios intencionales, juegan un papel protagónico dentro del crimen organizado”, concluyó.

Hay muchas ciudades en donde no han tenido un éxito el simple hecho de instalar alarmas comunitarias o cámaras sino se tiene una capacidad de respuesta y coordinación para que Policía atienda esas necesidades urgentes, solo se va a tener distractores no será eficientes para reducir índices de inseguridad y que la ciudadanía se sienta protegida.

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