sábado , 15 agosto 2026

¿Quiénes crean a los niños y muñecas de la mafia?

Álvaro Varela

Máster en Marketing y Consultoría Política y asesor en Gestión Pública.

Conforme pasan los días la violencia se recrucede y seguimos siendo testigos de que más menores de edad están involucrados en actos delectivos.

Las denominadas “muñecas de la mafia» y adolescentes sicarios engrosan el número de hechos violentos dispersos en todo el país cuya violencia es ordenada por organizaciones internacionales del crimen.

Varios factores para comprender el hecho:

  • Padres que se desenvuelven en la pobreza y la extrema pobreza.
  • Gobierno Central y autoridades locales ausentes en sus lugares de nacimiento.
  • Crecimiento de una niñez en medio del hambre y la violencia intrafamiliar.
  • Falta de educación, salud, registro civil, transporte público, servicios sociales estatales.
  • Falta de servicios básicos.
  • Políticos oportunistas, demagogos, mentirosos, mafiosos…
  • Corrupción estatal.
  • Políticos aliados con delincuentes.

Esta pequeña lista de causas es el detonante de uno de los peores escenarios en la historia de los últimos 100 años de nuestra historia republicana.

Claro, es que desde el 2007 el país no quiere percatarse de 2 cosas. Primero, de la vulnerabilidad de su población y segundo de la destrucción de nuestra convivencia.

Sí entendemos que los hechos expuestos en esta columna son el primer acercamiento que los niños y adolescentes tienen con la realidad, es fácil imaginar el futuro en el que deben desarrollarse.

A ello, hay que sumarle otra evidencia. Ciertos “políticos”, no quieren darse cuenta que gran parte de sus responsabilidades se gestaron cuando determinados personajes que ahora representan organizaciones políticas, impulsaron airadamente leyes para que quien quiera pueda portar droga a pretexto de declararse consumidor. Cuando crearon “códigos de convivencia” para que en las escuelas y en los colegios los niños y adolescentes sin ninguna responsabilidad, impongan sus reglas a profesores y autoridades educativas. Cuando en la última década se aprobaran leyes para que los padres de familia se vean limitados en su capacidad de ejercer autoridad sobre sus hijos. Cuando fuimos testigos de que muchos padres tuvieron que ir a la cárcel porque a algún juez de este país, se le ocurrió decir que el padre o madre de familia había atentado a algún derecho del niño o del adolescente.

Esta se ha convertido en una práctica, que desde el 2007, ciertos políticos se empeñaron en impulsar y consumar este tipo de acciones que hoy no deberían sorprendernos. Lo que sí debe ser sorpresa es que pese a sufrir las consecuencias de esas acciones no seamos conscientes que hoy se distribuye droga bajo la figura del denominado microtráfico que llegó a manos de niños y adolescentes donde sus padres no tiene empleo ni cuentan con oportunidades de mejorar sus condiciones de pobreza, exclusión e inequidad. De a poco nos convertimos en una sociedad que no tenemos a quién recurrir.

En ese momento aparecen los niños, las muñecas, los influencers, los jefes de las bandas y determinados políticos que con  lenguaje vulgar e insultador, acusan con histrionismo y fustigan con procacidad a quiénes, ellos no guardan simpatía. Estamos creando un escenario en el que ellos intentan emerger con promesas vacías-(entregan alimentos, medicinas, alcohol y organizan fiestas)- dentro de un círculo permanente de reclutamiento de niños y adolescentes al  servicio los intereses transnacionales de la mafia.

En ese escenario; cabe la necesidad de insistir en que hay que diseñar políticas públicas que desde el punto de vista socioeconómico se reconstruya el sentido de vida de toda la población para devolverle a la gente su identidad y pertenencia a una sociedad que les involucra y les hace parte de su convivencia.

Y paralelo a ello no debemos evitar responder el cuestionamiento: qué estamos haciendo mal y quiénes en su momento se empeñaron en destruir nuestra convivencia, para saber a quién favorece el hecho de que más niños y muñecas protagonicen actos de violencia con los que hipotecamos el futuro de todos.

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